En 2007, el periódico británico The Guardian ubicó en este archipiélgo gallego a «la mejor playa del mundo».  Más allá del eslogan, es lo más parecido al paraíso.

Ubicadas en el mar de Ons, a unos 15km en línea recta del puerto de Vigo, las Islas Cíes son un paraíso natural que conserva un ilusorio estado de virginidad gracias a estrictas políticas de control.  En el verano europeo son un destino ultra requerido y solamente se permite el ingreso de dos mil personas por día. En esta época, mayo de 2019, apenas fuimos unos 500 pasajeros los que embarcamos rumbo al paraíso.

Dato básico. Para visitar esta reserva protegida, hay que gestionar un permiso online en la Xunta de Galicia y recién con ese código Qr comprar con día y hora precisa el billete del Ferry (17 euros). Si los vientos lo permiten, el barco zarpa puntual y en 45 minutos te deja en el Edén.

Caminantes

En las islas Cíes hay cuatro recorridos para hacer a pie. Los senderos van en medio de bosques, a la vera del mar o entre las rocas de granito en busca de los faros, y en el camino se puede bajar a las playas. Además de la promocionada playa Rodas, hay otras más salvajes como la San Martino o la tranquila y plácida Nuestra Señora.

Un trekking de dificultad media te puede dejar en la cima del Monte Faro, de espectacular enclave. El Faro da Porta en cambio tiene el encanto de sus líneas básicas. Más accesible, es la meta de un camino agradable donde abundan los pájaros y las gaviotas.

Galicia, tierra de hórreos y de «palilleiras»

De todos, el circuito más prometedor es uno que conduce a un punto que mira al Atlántico y se llama Altos de Cíes (a 490 metros del suelo). En ese rellano de piedra encontramos el sillón perfecto desde donde se domina la silueta de las islas a uno y otro lado (si en la próxima vida nazco reina ya sé dónde quiero mi trono…).

Hay senderos finitos en medio de la vegetación donde no cabe más que un pie delante del otro,  y también hay caminos bien consolidados en medio de bosques. Por momentos, estás en el medio del verde y de pronto estás por una ladera, de cara al mar.

Bien preparadas

Para pasar el día en las islas recomiendan llevar agua y protector solar, y conviene hacer caso. Supuestamente íbamos a tener mal tiempo y por suerte el pronóstico se equivocó. Llegamos con camperas y vaqueros, y fuimos sacándonos las pieles como cebollas.

Por lo demás, nos comimos toda la fruta, el queso y las galletitas que llevábamos en la mochila, aunque hay un par de negocios y comedores que tienen de todo, como cervecita fresca y sandwiches de jamón crudo que estaban mucho más ricos.

También encontramos un camping provisto con «tiendas» listas para entrar, con colchones y sábanas para cuatro personas, por 85 euros (10 euros, si uno lleva su carpa y su bolsa). De sólo imaginar la puesta del sol y el amanecer en esa costa, dan ganas de perder el pasaje del regreso y hasta la noche del hotel que nos esperaba en Vigo. Gran plan para la próxima, dijimos las tres primas.

En Cíes también se cultiva el turismo astronómico porque tiene uno de los cielos menos contaminados lumínicamente de todo Europa. Por eso tiene el certificado de «Destino turístico Starlight». Ya, listo. Está claro que siempre hay que dejar algo pendiente.